Estudié medicina por fascinación: quería entender cómo funciona el cuerpo por dentro. Pero mi historia con el entrenamiento no empezó en un consultorio.
Yo también fui esa persona confundida: la de las rutinas guardadas, los challenges y el cardio interminable. Esfuerzo sobraba — lo que faltaba era estrategia.
La medicina me enseñó a leer el cuerpo. El coaching me enseñó a traducirlo a la vida real: la agenda llena, los viajes, los restaurantes, las semanas que se tuercen.
Por eso no creo dependencia — creo autonomía. Mi trabajo está completo cuando dices: “Ahora sé qué funciona para mí.”
Donde empezó todo: años de cardio y esfuerzo sin estrategia — y el orgullo intacto.